Pronto será Jueves Santo, el día en que el cristianismo conmemora la institución de la Eucaristía en la Última Cena, el lavatorio de los pies y la oración en el huerto de Getsemaní. Según relata la Biblia, la Cena fue el momento en el que Jesús se reunió con los doce apóstoles para despedirse de ellos antes de su muerte.
La figura de Jesucristo me cautivó siendo niña.
Mi familia es de Sevilla y recuerdo ir con mis abuelos a ver las procesiones, las sillas en La Campana, al lado de la relojería El Cronómetro, donde mi querido yayo trabajó toda su vida como relojero.
Era el mejor, tenía un precioso escritorio lleno de relojes para reparar y unos líquidos que olían muy fuerte, se colocaba un monóculo en el ojo izquierdo, pues era zurdo como yo y aún veo su figura encorvada sobre la mesa reparando aquellas joyas. Nunca le olvido…
Junto a él y mi abuela Dolores, una onubense guapísima de ojos verdes, hija de un hombre recto y justo que tocaba el violín, yo dormía en su cama y me reía mucho con sus riñas y ocurrencias. Eran fantásticos mis abuelos … Nos sentábamos en las sillas con mis padres y veíamos en la madrugá venir de lejos como si flotaran en sus barrocos pasos a los Santos Cristos, a la Maracena bendita, entre un olor a cera e incienso, cuando comienza la floración del azahar y el fervor religioso andaluz se encuentran en un ambiente nocturno mágico, único.

Desde entonces guardo la costumbre de ver todas las películas de Jesucristo que ponen en la televisión, sufro con él la traición de Judas, el renegar de Pedro, la estupidez de los romanos y la injusticia humana.
Creo fervientemente que él existió como figura histórica, lo de la resurrección con todos mis respetos no lo veo.
Haciendo zapping surge la imagen de una misa en el Vaticano, hace años estuve allí y si alguna vez tuve Fe en la iglesia cristiana la perdí por completo. El oro, el boato, los ropajes brocados, las riquezas, el poder… ¿Qué tiene todo esto que ver con Jesús? ¿Dónde quedan los valores de la humildad, el perdón y la justicia?
Concluyo que en el momento de la crucifixión alguien muy listo inventó el mejor negocio de la historia: La iglesia católica, con el miedo del hombre a morir, mezclado con la incultura, dominaremos sus almas.
Si en ese momento Cristo hubiera levantado su cabeza y con sus “poderes” hubiese visto el futuro, la que lío en el Templo de Jerusalén no tendría comparación, habría echado a todos gritando: ¡No me representáis!
Él era grande porque sus enseñanzas lo eran, por proteger a meretrices y pobres, dejando a un lado los Lázaros, los panes y las caminatas sobre los mares.
Mostremos hoy respeto recordando una corona sobria, no de oro, rindiendo culto a su figura como lo que fue, no un mago, sino un revolucionario.
A la figura de Jesús, a mis yayos.
Todos los derechos reservados ©️
Suzanne Wolf


Deja un comentario