A encubrir mis canas
a vivir sin dolor
a encontrar las ganas
a la escasez de amor
no me dejan envejecer
la serenidad se me niega
a la nada pertenecer
cuando la visión se ciega
sigo siendo esa chiquilla
de descalzos pies rosados
que iba a jugar a la orilla
a coger cantos rodados
pero me atropelló una ola
a esta vida ya no llego
se escurrió mi caracola
por el sueño eterno ruego.
A los sueños de las niñas.


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