Resistiendo a medio año de lluvias, duelen los huesos, perpetuamente aislada.
¿Y si hubiera un lugar donde quedarme para siempre?
Si yo pudiera parar de fugarme de mí misma…
Dejar atrás el desasosiego, que desde mi infancia me acompaña, como la reja a un presidiario.
Desapegarme de todo y todos, dedicarme a escribir y volar.
Donde habitan las lilas fragantes de abullonadas copas, observar a las cigüeñas portando ramitas con su pico al campanario.
Camuflarme aquí entre los pinos, dejar florecer mi alma como los pensamientos fucsias y nunca más ser esclava del temor.
¿Por qué no te quedas a ver crecer la parra?
Están brotando las rosas, date a ti misma la paz que otros te negaron, quédate en esa soledad donde nadie aplaude.
Para y mírate en el espejo: La niña asustada ya se fue, ahora eres una mujer, ya no pueden hacerte daño.
Túmbate en el césped del jardín, posa tus pies acariciando esas florecillas amarillas, otea las nubes, simulan ondas de arena recién barrida.
Recuerda no mirar atrás, para que tu boca no se haga sal, los sauces llorones de la piscina te están esperando.
De fondo se oye el cortejo de un pavo real, tan pretencioso como la vida en la ciudad.
Aguarda y la paciencia traerá miel en las uvas.
Miel en las uvas, prosa poética.
Todos los derechos reservados ©Suzanne Wolf


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