De tus amenazas, me hago un sayo, eres el títere de los que mueven el carrusel de la codicia, la cancerbera de ese sucio tesoro que nunca será tuyo, la indignidad hecha persona, llevas la cobardía por estandarte en una mano y en la otra los dedos cruzados iconos de tu mentira. Patalea, conmina, difama, desacredita…
Desfallecerás sin alcanzar tu objetivo porque te has encontrado un guijarro en el camino, la piedra que se ha metido en los engranajes de vuestra corrupción y ha parado la maquinaria de los engaños.
Yo no soy la culpable de tu descenso a los infiernos, de la perdida de tu veracidad. Coge un espejo, ya estabas podrida antes de yo nacer, lo estarás infinitamente, en una y otra vida reencarnarás en la misma figura, una gárgola encaramada y retorcida por el dolor de su propio reflejo, que convulsiona bajo la luz de la verdad, que se hace cenizas ante mi aura. No es necesario ni destruirte, tu suicidio estaba programado anteriormente a tu germinar.
Antes leerás mi epitafio que mi arrepentimiento.


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