MORA ROJA, MORA NEGRA

Suzanne había concluido su mudanza número 999. Sus bolsas fieles azules de Ikea se posaban sobre el suelo de una bonita casa de piedra, con jardín delantero cuya entrada era flanqueada por una leñosa parra de uvas blancas. También dotada de un gran patio trasero desde el cual al atardecer disfrutaba los añiles y púrpuras recortando la silueta de una majestuosa iglesia.

Al día siguiente tenía que recoger en Ávila una mesa de trabajo, era especial el tablero, dos manos gigantes multicolores mostraban sus palmas bajo un cristal.

Invitaban a la creación, incitaban a ponerse sobre ellas y escribir sin pausa en su ordenador.

Como era costumbre salió con prisas y olvidó introducir el dinero en la cartera.

El navegador,extrañamente configurado, la llevó por donde le dio la real gana dando una gran vuelta en lugar de ir por la autopista, pero esto la otorgó la oportunidad de ver unos paisajes bellos, al fondo la montaña coronada por docenas de molinos eólicos durante kilómetros y kilómetros.

Arenas rojizas y ocres salpicadas por olivos, una gran cantera rosada la dejo perpleja y consideró que había merecido la pena tremendo tour.

Entrando a la ciudad amurallada se dirigió a recoger la mesa; pasó una vergüenza enorme cuando al sacar el monedero no llevaba ni un euro, dejó esperando al paciente vendedor, fue corriendo a un cajero para extraer la suma acordada. No sin olvidar meterse por dirección prohibida y dar un brusco giro en la estatua de Santa Teresa para no ser embestida por el señor del autobús que muy airado hacía grandes aspavientos y gritaba.

Finalmente contenta, pues había conseguido su objetivo: la mesa, se dirigió al gran supermercado para llenar una saca de Ikea, está vez versión colores del arco iris, de víveres.

El calor era sofocante y pegajoso le dolía la cabeza la temperatura del techo de su coche debería de estar cerca de ochenta grados, pronto se haría de noche, pero el retorno lo efectuaría por la carretera correcta, ya había configurado bien el navegador.

Había comprado una bolsita de moras rojas y negras, necesitaba glucosa, ya que se encontraba al límite de sus fuerzas. Suzanne siempre vivía así, en el linde, sin pausa, sin descanso. Como solo aquel que sabe lo que vale cada minuto puede vivir, como solo alguien que tiene la certeza de que esto no es eterno se atreve a luchar. Batallaba por cada objetivo hasta quedar exhausta, pues ello le producía una tremenda sensación de plenitud. En esta ocasión era una mesa en otras ocasiones un espejo, un coche, un sueño…

Abrió despacio el plástico colocando dos moras en el asiento del copiloto deportivo de cuero. No sabía por cuál empezar.

¿Mora roja o mora negra? Antes de arrancar el coche tomo la bermellón, su favorita, deshizo las bolitas azucaradas con los labios y la lengua, los ingirió, después la gominola se hizo presa entre sus dientes.

Caviló : ¿Qué sentido tendría hacerlas de dos colores si ambas sabían exactamente igual?

Eligió el rojo de vida, de sangre, de corazón. Pisó el freno giró el contacto y el motor prendió, marcha atrás inicio la salida del parking.

Esta vez y sin sorpresas fue por la ruta deseada y con la tranquilidad que da saber que el camino va en línea recta, prosiguió tomando las golosinas, rojas, negras daba igual todas estaban riquísimas.

Sus niveles de azúcar en sangre subieron, por fin llegó a casa, montó la mesa admiró los frutos de su esfuerzo, colocó sobre ella su portátil y así fue como dio forma a su primera novela policíaca:

Alfil de sangre.

Apostando al ROJO siempre.

Todos los derechos reservados 

Suzanne Wolf ©


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7 responses to “MORA ROJA, MORA NEGRA”

  1. Muy bueno, las fotos son excelentes . ¿Así que una policíaca? Vaya giro después de un libro como penumbras que es una antología poética.

    Muy interesante….😎

    1. Si Luz una mezcla entre novela policíaca y trhiller psicológico….,eso espero, sorprenderos muuuuucho.Un abrazo compañera. Gracias 💞

  2. Me encanta, Suzanne. ❤

    1. Muchas gracias amiga, cómo va el verano???

      1. Achicarradita, pero con mis musas desatadas, sin parar de escribir sus murmullos.

  3. Buena entrada, esperando tu novela Suzanne Wolf.

    1. Gracias guapa por tu apoyo incondicional. En ello estoy…😎

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